Nuestro objetivo principal fue retratar a Juan, un tatuador a tiempo parcial con una impronta estética muy marcada por sus tatuajes, su forma de vestir y su presencia dentro del estudio. En un principio, nos interesaba observar cómo este “personaje” habitaba su espacio a través de las herramientas de su oficio, como la tablet, las tintas o la máquina de tatuar. Sin embargo, durante el rodaje, el foco del relato terminó desplazándose hacia un momento mucho más genuino: su descanso. A partir de ese instante, nos interesó registrar el quiebre de la rutina laboral y mostrar una faceta más íntima, espontánea y atravesada por la música, especialmente por su fanatismo por los Red Hot Chili Peppers. En un momento, Juan comenzó a tocar una batería imaginaria en el aire y entendimos que ahí estaba el verdadero núcleo conceptual del retrato. Nos interesaba mostrar cómo el pulso, el ritmo y la precisión que aplica al tatuar también aparecen, casi de manera inconsciente, en su vínculo con la ...
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